Y con el mazo dando



"El buen ciudadano debe seguir aún las leyes malas, para no estimular al mal ciudadano a violar las buenas"
Sócrates

"Pues a ver, ahí lo tiene, ya no se sale agua. En total con la visita y todo son 115€. Si quiere usted factura le sale más caro, pero a mí me da lo mismo, total ese dinero no es para mí, así que lo dejamos así y se ahorra unos duros". Esto lo decía el mismo fontanero que un rato antes despotricaba de los políticos, "unos corruptos que no hacen nada por nosotros", a colación del más que posible despido de su hijo, que trabaja en la fábrica de Opel, porque el Estado no les da ayudas.

¿A que resulta familiar? Además, tal y como está el panorama político con Gürtel & Co, Elche, Alcaucín, y otros tantos que resuenan menos, hay que reconocer que al menos parte de razón tiene... Pero la reflexión, como diría mi abuela, es bien sencilla: A Dios rogando y con el mazo dando. Nunca mejor dicho, porque parece que con esto de la crisis los gobiernos se han convertido en una especie de ídolos a quienes trabajadores, bancos, constructoras y grandes empresas deprecan -suplican- sin cesar. Precisamente ahora, cuando menos tenemos, tanto Administración como ciudadanos y empresas, es cuando más nos acordamos de papi Estado, mientras que tenemos los bolsillos llenos nos mofamos de eso que llaman redistribución de la riqueza.

Acostumbramos a pedir socorros al Estado obviando el origen de sus recursos. Ejercemos nuestro derecho al reclamar ayudas para comprar una vivienda, estudiar, obtener medicamentos, ingresar a los ancianos en residencias, etc. Y solemos compararnos con Suecia o con otros países del Norte y resolvemos que preferiríamos su bienestar social, "estas cosas por allí no pasan". Pero soslayamos que en Suecia, por ejemplo, el trabajador medio recibe sólo el 40% de su salario tras descontarle los aportes a la seguridad social y los impuestos (que suponen más del 50% del PIB). Todos admiramos y anhelamos las prestaciones de los países nórdicos, pero muy pocos estaríamos dispuestos a pagarlas.

No obstante, aunque indudablemente mejorables, en España las ayudas públicas poco a poco van cubriendo las necesidades básicas y satisfaciendo los derechos fundamentales de los ciudadanos, de manera que los desfavorecidos disponen cada vez de más oportunidades. Por ello, un caso como la estafa a la Seguridad Social de Almanjáyar, en Granada, resulta aún más contradictorio; allí los tramposos han sido los más pobres, 1.700 parados sin propiedades que se calientan en una lumbre de basura. Esta gente ha despojado a los que viven en la miseria como ellos (y a sí mismos) de más de cuatro millones de euros en servicios sociales.

Conclusión: convivimos con una absoluta falta de solidaridad y de conciencia ciudadana. O como diría mi abuela, a Dios rogando...


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