Fraude consentido



Si quieres destruir la avaricia, debes destruir el lujo, que es su padre.

Cicerón

Cada diputado del Congreso representa, aproximadamente, a 130.000 españoles. Es decir, a tres veces el Calderón o Mestalla repletos… ¡Cuántas personas dependen de ellos! ¡Vaya responsabilidad! ¡Qué presión! ¡Qué carga moral!… Sin duda alguna esta confianza del pueblo merece remunerarse adecuadamente con un jugoso sueldo de 56.000 € anuales; los que menos cobran y sólo por calentar el escaño (si son de provincias y participan en mesas, comisiones, etc la cifra se duplica). Amén de tres ordenadores portátiles (valorado cada uno en 1.900€), dietas, transportes, alojamientos y privilegios varios, como la substanciosa pensión vitalicia si repiten legislatura...

El trabajo de un aforado consiste básicamente en acudir esporádicamente a la calle Zorrilla a pulsar un botón: la mayoría, especialmente en los grupos grandes, ni leen lo que votan, ya hay alguien que les “orienta” el dedo (Mamen Sánchez al PSOE y José Luis Ayllón al PP). Y aún así el absentismo parlamentario está bastante extendido. De tal modo es comprensible que, aprovechándose de su prominente posición, codicien alguna ocupación más, por supuesto retribuida económicamente. ¡Valientes estafadores!

Como bien dijo Millás en su columna del viernes, “por lo visto, cuarenta y seis millones de ciudadanos no se merecen 350 representantes a jornada completa”. Sólo 34 se dedican en exclusiva al cargo; los otros se dedican a dar conferencias, acudir a actos, etc (cobrando por lo que supone una obligación política). Y algunos ya ni siquiera se conforman con estas insolencias y avarician más. Hablo de Michavila, López-Amor, Acebes, Pizarro (curiosamente todos del PP, quienes criticaban las charlas en ultramar de Garzón)… Con sendos cargos ejecutivos en instituciones privadas.

Lo peor es que el jueves, en otra exhibición de oscurantismo, se aprobó por mayoría absoluta (sólo 43 votaron en contra) el pluriempleo de los diputados... Así se personifica el interés general del país que abraza el mileurismo como religión de Estado y la corrupción como deporte nacional. ¡Sanguijuelas! ¡Ojalá les boten en las próximas elecciones!


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