Apología del odio



Reprende al insolente y te ganarás su odio; corrige al sabio y te ganarás su aprecio.

Proverbios 9:7-8

¿Qué nos pasa? ¿Somos tan miedosos que podemos acumular tal cantidad de odio? ¿Acaso nadie les explica que es un círculo vicioso? El odio se alimenta del miedo y viceversa. Matar por temor a ser matado. Esa es la consigna defensiva. Pero no es suficiente. Llega un punto en el que se rebasan los límites más racionales y surge el deseo de eliminar riesgos, que supera al de sobrevivir y, por su puesto, provoca el olvido de la supuesta meta inicial: la paz. Masoquismo piramidal en esencia.

Soldados israelíes vistiendo camisetas que incitan a la violencia más cruel. Miras de fusil atrapando a una embarazada seguido del lema “Un disparo, dos muertos”. Aforismos que reflejan el apogeo genocida que envenena a la humanidad: la única solución es aniquilar al otro. Sentencias prenatales, nacer y crecer apuntados por un fusil, condenados a asesinar. Mientras, nosotros discutiendo estulticias. Ningún político relevante en ningún país “desarrollado” incluye la posibilidad de parar la producción y el tráfico armamentísticos en sus planes electorales. El mercado de la guerra produce mucho dinero y no interesa detenerlo. Ahora que la economía flaquea hay que afianzar ingresos y, por supuesto, no existe inversión más segura que el pavor y la apología del odio.


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